La procesionaria del pino, al igual que cada año, llega puntual a su cita con las primeras señales de la llegada de la primavera. Este año, ni la ola de frío histórica que se ha vivido en España ha sido su enemiga e incluso se prevé que llegue con más fuerza que nunca. 

Con 492 personas fallecidas a fecha del pasado martes 26 de enero y más de 40.200 nuevos casos desde el día anterior, la curva de esta tercera ola de coronavirus en España se encuentra totalmente disparada. La incidencia no para crecer y las cifras triplican de largo el riesgo extremo establecido por el propio Ministerio de Sanidad y las Comunidades Autónomas.

Según el Ministerio de Sanidad español, una de las principales vías de transmisión del Covid-19 es a través de aerosoles, lo que evidencia que el riesgo de contagio es mayor en espacios cerrados, como es el caso de bares y restaurantes donde el uso de la mascarilla no es constante.

El idílico manto blanco que cubría Madrid hace unos días ha dado paso a una estampa mucho más sombría, compuesta por toneladas de basuras desparramadas por las calles, contenedores rebosantes de residuos, montones de sucia nieve pisoteada en los laterales de las calles e innumerables charcos. Pero la borrasca Filomena parece que no ha terminado su actuación estelar y se prevé que a partir de este miércoles haga de nuevo aparición con torrenciales lluvias durante varios días.

Bien es sabido el riesgo que las cotorras, esas aparentemente simpáticas especies de ave, algunas de ellas de exuberante plumaje verde y pico anaranjado, suponen para las especies autóctonas. Y si no que se lo digan a los gorriones o al cernícalo primilla -en peligro de extinción-, a quienes pelean su alimento y roban sus nidos con encarnizada violencia. Según la organización SEO/BirdLife, solo en el año 2016 desaparecieron más de 12 millones de ejemplares de gorriones por este motivo.