Bien es sabido el riesgo que las cotorras, esas aparentemente simpáticas especies de ave, algunas de ellas de exuberante plumaje verde y pico anaranjado, suponen para las especies autóctonas. Y si no que se lo digan a los gorriones o al cernícalo primilla -en peligro de extinción-, a quienes pelean su alimento y roban sus nidos con encarnizada violencia. Según la organización SEO/BirdLife, solo en el año 2016 desaparecieron más de 12 millones de ejemplares de gorriones por este motivo.

Las ratas y los ratones han estado siempre relacionados con la transmisión de enfermedades y la suciedad. Y tiene su sentido, ya que los roedores son vectores de muchas enfermedades. De hecho, según la OMS (Organización Mundial de la Salud) el 40% de las zoonosis son provocadas por roedores.

Las altas temperaturas, copiosas lluvias y la falta de mantenimiento de segundas residencias -debido al confinamiento por el coronavirus- de esta primavera han constituido el perfecto cóctel molotov que ha impulsado la vertiginosa proliferación de mosquito tigre este verano. Es un hecho: el Aedes albopictus está invadiendo España. Sólo en el primer semestre de 2020 esta plaga ha aumentado un 70% con respecto al año anterior, según datos del proyecto Mosquito Alert con el que colabora ANECPLA.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, aseguró el pasado lunes que la probabilidad de que nuevos virus animales den el salto a los seres humanos va en aumento debido a la industrialización y a la reducción de los espacios salvajes a consecuencia del incremento de la actividad humana.

Estamos enfocados en mantener las medidas de seguridad necesarias contra el coronavirus (desinfecciones, distancia de seguridad, lavado de manos…), sin embargo, la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA) recomienda no descuidar uno de los habituales riesgos asociados a la temporada estival: las chinches.