En un momento como el actual donde cerrar el cerco al nuevo virus que está poniendo en jaque tanto la salud, como el sistema sanitario y económico a nivel mundial es una prioridad, la desinfección profesional de superficies contra el COVID-19 constituye una pieza clave.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de las principales vías de trasmisión del COVID-19 es el contacto con superficies contaminadas. Por ello, su desinfección se posiciona como una labor fundamental que, en palabras de Monge, “actúa de cortafuegos a la hora de mitigar la escalada de contagios por coronavirus y sin la que esta crisis corre el riesgo de alargarse en bucle más tiempo del esperado”.

“El virus puede permanecer activo hasta varios días en según qué superficies”, explica el presidente de ANECPLA. “En puntos críticos como hospitales, centros asistenciales donde se haya detectado algún contagio, residencias de ancianos, etc. es imprescindible que sean profesionales del sector de la sanidad ambiental quienes realicen desinfecciones periódicas que garanticen la seguridad de uso de estos espacios”, reclama Monge. Y es que, si se quieren conseguir resultados eficaces que minimicen al máximo el riesgo de nuevos contagios, la nebulización de espacios es la técnica más eficaz, ya que es capaz de alcanzar zonas críticas a las que sería difícil de acceder con las técnicas tradicionales.

Mediante esta técnica de nebulización, el técnico aplicador –protegido con el equipo de protección individual (EPI) apropiado- dispersa el desinfectante en forma de pequeñas partículas. De esta forma, la niebla generada en el espacio tratado es capaz de llegar a todas las zonas, incluso a aquellos rincones y recovecos que resultarían inaccesibles mediante otras técnicas convencionales.