Con la llegada del buen tiempo, la procesionaria abandona el bolsón en el que anidó durante la temporada de frío bajará del árbol en el que anidó para también alimentarse. Bajan formando una procesión, de ahí su nombre, de varios metros de longitud por lo que son fácilmente identificables y buscan un lugar en el que poder enterrarse para, posteriormente, convertirse en mariposas.

 La primera víctima de la procesionaria sin duda es el árbol del que se nutre, pero cuando baja, se convierte en un problema, sobre todo para niños y mascotas que, debido a su naturaleza curiosa, pueden salir afectados por ellas. 

En el caso de que tu mascota se acerque demasiado a alguna de estas orugas y termine por "picarle" o por notar los efectos de los pelos urticantes de la procesionaria, lo recomendable es, en primer lugar, enjuagar la zona con bastante agua templada. Si es en la lengua, el agua se tendrá que echar desde dentro hacia fuera para evitar que trague el agua contaminada. Después, acude inmediatamente al veterinario, donde se aplicará el tratamiento correspondiente dependiendo de la gravedad de la situación. 

Es importante actuar rápido ante esta situación porque la reacción a las orugas puede resultar mortal para las mascotas.